
EL VIEJO LEÑADOR
Érase una vez, hace mucho tiempo, un viejo leñador que caminaba por el monte en medio de una espectacular nevada. El anciano tenía las manos y los pies helados y estaba al limite de sus fuerzas; pues llevaba largas horas caminando por el monte en un día muy gélido y no había encontrado ni una ramita seca que hechar a la chimenea para calentarse..
Estaba a punto de desfallecer cuando algo llamó su atención. Era un gemido muy débil, como el llanto de un niño; el leñador rebuscó entre la nieve y encontró a un niño recién nacido envuelto en una simple sábana y tiritando de frío. El anciano se apiadó de él y, cogiéndole entre sus brazos, lo apretó contra su pecho para infundirle calor y comenzó a regresar a su cabaña.
Cuando llegó a su humilde cabaña su esposa, una mujer tan anciana como él, salió a recibirle a la entrada de la cabaña, tal y como era su costumbre, y su marido la mostró su hallazgo.
La mujer también se compadeció del niño y ordeñó la escualidad cabra que el matrimonio poseía para darle alimento, hecho a la chimenea las pocas ramas de leña seca que mantenia de reserva en la leñera para darle calor y llenó todo el cuerpo del niño de besos, mimos, caricias y ternezas; pues, aunque siempre lo habian deseado, el matrimono no había tenido descendencia.
Una vez alimentado, entrado en calor y consioado el niño
sé durmió placidamente y la pareja aprobechó para cenar frugalmente. Después de cenar, como era el día de Noche Buena, los dos ancianos cantaron alegres villancicos con los que acunaron el sueño del niño y luego sé fueron a acostar; pues, eran tan pobres, que sólo deesa manera podian celerar tan señaladas fiestas.
A la mañana siguiente, el día de Navidad, la pareja fue a ver como se encontraba el niño. El niño, que en realidad era Jesús, les dedicó a los ancianos las más luminosa de todas sus sonrisas y, ante el asombro del matrimonio. les comenzó a hablar con dulce y melodiosa voz.
- Me disteis alimento cuando estaba hambriento, me disteis calor cuando estaba helado, me disteis consuelo cuando estaba desconsolado. Todos vuestros sueños sé cumpliran. No pasará un año antes de que tengais descendencia y, si buscais por la cabaña, encontrareis un gran tesoro.
Dichas estas palabras el niño desapareció; pero cumplió su palabra. Justo donde había estado el niño ahora había un gran cofre repleto de monedas de oro, valiosas joyas y ricas telas; y, antes de que pasará el año, la mujer, que ya rebasaba los setenta, dio a luz a un niño rubio como el mismo sol y con los ojos tan azules como un cielo limpio de nubes que fué la alegria, el orgullo y el sustento de sus padres